jueves, 18 de diciembre de 2014

FUERZA EN EL CABEZAZO




 Cada paso que adelanto me parece más poco. La conciencia ataca con el sentimiento; él de recorrer un camino que nunca terminará. Su longitud es el tiempo. Su fin es la muerte.

Pies descalzos tapan los clavos del sendero. Muchos no son, todo el sendero es agujas afiladas y punzantes.

Estoy lleno de aire, de nada más que profundidad. Aunque dentro de esa cueva se depositase algo, la grandeza del agujero es tal que no se oiría el golpe en el fondo del pozo. Tengo miedo de pincharme como un globo al caminar, perder mi matriz y difuminarme en el ambiente.

El polvo es una mancha en el ambiente, lo respiro y me molesta. Es así porque soy consciente de su pasado. polvo de hueso de quién pincho en medio del camino.

No un hueco en la tierra, no un aire de salón vacío después de una fiesta: EL abismo, el profundo hueco del alma, la eterna oscuridad del ser. Su sublime e infinita forma esta dentro de nosotros, pero también fuera, traspasa los limites de nuestro entendimiento. El abismo es el vientre de todas las cosas, de donde se gesta la propia naturaleza. A tenido muchos nombres: El Universo, La Energía o Dios, entre otros.

Soy un hueco de donde mi ser se expande y se enlaza para crear la máxima profundidad. La red infinita en el espacio y el tiempo.

La consciencia de ser solo una ficha mas en una de las miles de operaciones que calculan el infinito alivia mi paso cuando lentamente el sendero lija la base de mi ser. Soy parte de un plan mayor, que el tiempo me revelará. A cambio de mi cometido: se me regala el dolor. No me importa el dolor. Las heridas que nunca cierran, el caminar que nunca se detiene. Las agujetas, el sangrar: me mantienen vivo para observar mi propia marcha.

Me hace reír. El dolor se ríe de si mismo.

Años de marcha y solo se ve una pequeña punta a lo lejos, como la fina rama de un árbol.
Es la torre del fin del mundo: mi meta. Mi hogar.A donde voy llegando conforme se va acercando mi final.

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